Dicen que la vida es un sueño cuya constante es la pesadilla, evidencia ante la cual ¡mierda! gritan los puercos y ¡cerdos! quienes se consideran puros sin razón o contra ella. ¿Que el barco escora? No faltará un coro que señale a otro mientras brama ¡esto apesta, carga al agua! seguido de un ¡pobrecito! ¿Quién ha sido?
Cubierto por sus propias heces, el hombre sigue obstinado en creerse el producto más selecto de la evolución: a tal grado llega su mayor vicio, la vanidad. De vanidad están hechas las peores tragedias, los más penosos desastres, casi todos los yerros que provocan el exceso de ambición y la falta de honestidad con uno mismo. La vanidad mueve y enreda los hilos del engaño, vanidad es lo que nos impulsa a caer en un precipicio agridulce al querer fermentar el dinero en nuestras manos a partir del no menor embuste de ponerle un precio a todo con todo un regateo de falacias. Para cierta postura hoy pandémica, sólo pasamos de ser lucrativas mercancías a molestos desechos, pero no somos por ello enemigos del comercio, que nos parece tan indispensable como una voluminosa cagada después de una comida abundante. Escupimos, sin embargo, sobre la deidad imaginaria del crecimiento ilimitado y no estamos dispuestos a tolerar por más tiempo las tonterías de su feligresía, entre la que abundan los productores de miedo y sus remedos, los productores mierdosos.
En virtud de que ya nada tiene ni contiene sentido; puesto que ya nada es lo que parece ni ser parece, no todo es mierda. He aquí una clave para evitar pudrirse en las deyecciones de un mundo que se pavonea de haber violado sus misterios: transmutación, oro de los putrefactos, henos con ella así en la calle como en la trena. Alquimia de anarcotiranía transversal y purgante antes que purgatoria, obra de continua fisura y catarsis social.
El cielo ruge prodigando extraños fulgores mediante la irrupción de fuerzas que se saben insondables. Hogueras dispersas indican que la ciudadela ha sido cercada por hordas de tiranos de sí que no temen acampar bajo la tormenta que se avecina. Tras la solemne capa de silencio autoimpuesto, una frase perdida adquiere relieve: nadie está a salvo de nadie...
11 mar 2008
3 mar 2008
REMATISMO, NUESTRO REGENERADOR UNIVERSAL
En un pasado no muy remoto que sufría el cautiverio impuesto por caciques analfabetos, intoxicadores con sotana y bigotudos perros cuarteleros; en un pasado cuyas oligarquías, por desgracia, siguen estando muy presentes en la configuración política, algunos pensadores armados con laudables intenciones anticlericales y abundante sentido crítico iniciaron una campaña de denuncia contra las instituciones que empozoñaban la harapienta España poscolonial a fin de promover una reforma sistemática de la sociedad que ponía el acento en la transformación de la educación. Se los conoció como regeneracionistas y entre ellos cabe destacar la figura de Joaquín Costa, quien además de estar vinculado a la Institución Libre de Enseñanza fue proclive a frases tan exactas como aquella de "escuela, despensa y siete llaves para el sepulcro del Cid". Ahora sabemos que el regeneracionismo, bien por ser demasiado transigente en sus tácticas con los parásitos del poder, bien por servir de ascensor a cierta élite cultural, quedó neutralizado pese a haber dejado una impronta libertaria en varias generaciones de autores de la talla de Antonio Machado y Buñuel. Quizá a sus líderes les faltó la garra visionaria que a otros sectarios por entonces les sobraba: "Sí, somos unos bárbaros y queremos ser unos bárbaros. Es un título de honor. Somos los que rejuveneceremos el mundo. El mundo actual toca a su fin" -anunciaba un Hitler agitador... después vinieron las nubes rosa que pincelaban el horizonte con el sarcasmo brutal de las incineraciones masivas, pero en ello no tiene que haber necesariamente una relación causal. Bien entendida, la liberalidad sólo puede tener comienzo desde la tiranía; bien valorado, el pueblo se merece lo mejor a condición de impedir su pasión por estropearlo. Invirtamos, por tanto, la imagen apuntada más arriba: nada de regenerar un mundo que quiere eternizar su agonía en una aceleración de intrascendencias mientras finge alcanzar el bienestar multiplicando escenarios para la catástrofe. ¿No sería más grandioso rematar ese mundo que sobrevive a fuer de ser inmundo? ¿Acaso no os resulta excitante la posibilidad de convertiros en la bisagra entre el fin de la historia y la historia del fin? Más nos valdría poner un remate digno a este permanente acoso de hastíos y calentarnos después, cuando rompa la noche, al calor de los rescoldos todavía humeantes del saqueo.
26 feb 2008
DEL INDIVIDUO COMO SUJETO DE IZQUIERDOS EN LUGAR DE DERECHOS
Según el paradigma cultural de occidente, que jurídicamente es heredero de la retícula de conceptos tejida por el derecho romano, y con independencia de las escasas diferencias con las que el legislador de turno interpreta este legado, usualmente se entiende por derecho objetivo al conjunto de normas que rigen la vida en sociedad, lo que viene a ser una manera aséptica y en extremo sucinta de hacer alusión al intento de legitimar un inveterado estado de dominación donde una minoría improductiva suele gozar de privilegios vedados, en todo o en parte, a una mayoría a la cual pertenecen los productores de bienes y servicios. No obstante, la credulidad campa a sus anchas y abundan quienes dan por superado este desequilibrio tras el colapso del planteamiento feudal de la política que supusieron las revoluciones liberales modernas, que en realidad fueron las comadronas de un novedoso juguete con el que podía entretenerse a las masas descontentas sin necesidad de invocar los grandes misterios teológicos ni, por supuesto, reconfigurar el orden económico inaugurado por las clases ascendentes; nacieron así los derechos humanos, que vienen a ser la excrecencia retórica del sospechoso invento de la dignidad natural y tienen como premisa las epifanías laicas, pero no menos turbias, de la libertad, igualdad y fraternidad entre los miembros de una misma especie, una memez de efectos narcóticos prolongados que está destinada a aliviar daños sin cuestionar quien los causa, cuando no a servir de falso consuelo y manifiesto pretexto ante situaciones de abuso estructural... Nosotros no defendemos derechos de ningún tipo, ni siquiera los que pudieran beneficiarnos a nivel subjetivo, pues ello implicaría aceptar de entrada una definición que por fuerza nos ha de venir pequeña; nosotros preferimos proclamar los izquierdos, que son los poderes que uno mismo puede arrogarse sin apelar a otra autoridad que los atributos derivados de su coraje, ingenio y entereza al margen, o por encima si fuera preciso, de la libertad, igualdad y fraternidad con esos supuestos semejantes en cuyo nombre se ejerce tantas veces el chantaje moral por parte de las democracias corporativas, verdaderos ranchos de absolutismos disfrazados.
Los izquierdos no se basan en las alucinaciones del derecho natural ni pretenden imponer la ficción de un consenso global; los izquierdos son la viva expresión de la fuerza sin Estado que temen todos los Estados sin fuerza: sin que nadie los haya formulado, los izquierdos componen la parodia del mundo disecado por las burocracias del pensamiento, es decir, son su antidoctrina o su copyleft. Todo lo que uno puede hacer por sí mismo sin rendir cuentas y todas las cuentas que uno puede saldar sin rendir culto están comprendidas en la flexible cobertura de los izquierdos. Izquierdo es un "ni a rico debas ni a pobre prometas", pero también un "más vale un toma que dos te daré", ya que los izquierdos, muy al contrario que los derechos, no se piden ni se conceden, no están subordinados a la letra muerta que se fantasea ley, sino que se conquistan, duran mientras se ejercen y se desvanecen si no se ejercitan. El izquierdo no remite a la palabra escrita, sino a la palabra dada y, aún mejor, al comercio concreto y no especulativo que va del pacto tácito a la ruptura sin papeles.
El origen del derecho bien puede responder a la conveniencia de organizar con garantías las relaciones en el seno de un espacio común; sin embargo, con demasiada frecuencia se olvida que dicha organización siempre se hace en favor de alguien que aspira extender su hegemonía sobre los otros. El derecho, como bien dijo uno de los nuestros, es la continuación de la ley de la selva en la demagogia, por ello en su árbol genealógico siempre se hallará una extorsión reiterada, la de quienes aspiran a la victoria permanente de sus intereses sobre los cambios y fluctuaciones venideros. Como alternativa a esta exhibición de mezquindad y sin dejar de considerar que nadie es igual a nadie, ni siquiera a sí mismo, lo justo sería devolver a los fenómenos sociales su capacidad para autorganizarse. Y si su señora no se fía y le exige la presencia de un órgano supervisor de este proceso, nosotros tenemos a punto el apropiado: ANARCOTIRANÍA.
20 ene 2008
VOTO BANDOLERO

Si el próximo 9 de marzo te sientes dispuesto a perder parte de tu tiempo, soberanía y dignidad personal visitando un colegio electoral, te proponemos que imprimas la imagen de nuestro misionero parlamentario Trabucodonosor y la utilices como papeleta alternativa.
25 nov 2007
CONJURA NO PARA NECIOS
El caos generalizado no produce nada perfecto, pero demasiada perfección es un caos. A nosotros nos basta con la perfección de poder perdernos y con el desorden de volver a encontrarnos dispuestos para contarlo. Contaremos que nadie puede saber a ciencia cierta si está despierto; que la realidad es un ensayo monstruoso donde el mundo puede ser suplantado por decorados y la economía desfigurada hasta ser confundida con los deseos insaciables de una minoría de traficantes de miserias. Contaremos también que nos han vendido medicinas fraudulentas con burbujas trilaterales de sinarquía y misticismos necrófilos que se proclaman terapéuticos desde los circulitos concéntricos del poder.
Aun cuando el naufragio sea colectivo, lo que resulta repugnante -salvo que entendamos la prosperidad como una feria de charcutería social- es que el lucro privado sea la premisa de las organizaciones más poderosas; peor aún, antes que repugnante, lo inadmisible es que existan este tipo de organizaciones. En este sentido, la mayor obra de ingeniería no ha tenido lugar ni en los transportes ni en las telecomunicaciones, sino en la capacidad mutágena y casi onírica de exprimir al individuo en toda regla, es decir, fuera de toda regla. Tal vez necesitaríamos vivir más de una vez para comprender las claves de la naturaleza humana y tal vez entonces llegaríamos a la conclusión de que no merecen ser comprendidas, pero desde luego no hace falta un tremendo acervo para percatarse de que tenemos la fortuna de ser valiosos para los responsables de esta impostura... valiosos como piezas de ganado con cuya fuerza de producción, consumo y consentimiento puede especularse sin restricciones. A esto lo llaman libertad. Por nuestra parte, no tenemos ninguna imagen mítica que ofrecer a la gente ni ajustes de cuentas infinitos que saldar, pero estamos en guerra, somos insurrectos y nunca hemos despreciado las reservas contenidas en la grandeza de lo chico.
Gobernar debería ser la justa y transparente administración de la riqueza. En la mayor parte de los casos, los gobiernos no pasan de ser títeres de las maniobras orquestadas por las coaliciones de los más ricos. Esta situación, atractiva sólo para víctimas necias y verdugos recalcitrantes, merece una respuesta devastadora de honda penetración institucional: la acción combinada de anarcomercados negros que favorezcan el intercambio paralelo y horizontal de productos y servicios, de anarcoguerrillas contra los oligopolios de la información y -no podemos evitarlo- de anarcointervenciones de los bancos centrales con sus respectivas redes de clanes inversores. Colectivizar las fuentes de riqueza de un país, así como garantizar medidas de control directo sobre las mismas, no equivale por concepto a un acto de expropiación: expropiar es lo que han hecho desde la revolución industrial -sin mayúsculas- las corporaciones financieras cuando nadie ha sabido ponerles freno. Nuestro plan de ataque esotérico pretende redirigir la riqueza a sus bases con estrategias que dispersen de un tajo la acumulación excesiva de capital y, por ende, sus funestas consecuencias. Esta declaración, que podría tomarse a la ligera como una apuesta romántica imbuida de regeneración socialista, pretende anunciar algo más sólido que una versión neocrédula de filantropía ideológica: el despliegue de barricadas interdisciplinarias que contengan los tratamientos de choque impuestos por el capitalismo fanático de los discípulos de Rockefeller y Milton Friedman.
Todo Estado fuerte necesita ciudadanos débiles. No es fácil examinar las entrañas de Leviatán cara a cara. La verdad al desnudo es una puta a la que no es fácil entregarse, pues ha sufrido amputaciones graves, huele a podrido y para colmo es portadora de enfermedades ultrajantes. Existe un pacto de silencio mediático a nivel internacional, una huelga decretada contra el conocimiento, una encriptación severa de la razón crítica; existe, asimismo, un tao de la confrontación en nuestra conjura que dará origen a dialécticas de efectos secundarios impredecibles. Alguien nos ha dicho que en la tesis del anarcoestado cree ver una apología de la economía del regalo. No lo discutimos, forma parte de nuestras insinuaciones más amigables de igual modo que la simpática restauración de la guillotina o el régimen de castas tecnofeudal.
Lo estamos inventando. No sabemos que saldrá. Haremos lo que no quieran que hagamos... y lo haremos bien.
Aun cuando el naufragio sea colectivo, lo que resulta repugnante -salvo que entendamos la prosperidad como una feria de charcutería social- es que el lucro privado sea la premisa de las organizaciones más poderosas; peor aún, antes que repugnante, lo inadmisible es que existan este tipo de organizaciones. En este sentido, la mayor obra de ingeniería no ha tenido lugar ni en los transportes ni en las telecomunicaciones, sino en la capacidad mutágena y casi onírica de exprimir al individuo en toda regla, es decir, fuera de toda regla. Tal vez necesitaríamos vivir más de una vez para comprender las claves de la naturaleza humana y tal vez entonces llegaríamos a la conclusión de que no merecen ser comprendidas, pero desde luego no hace falta un tremendo acervo para percatarse de que tenemos la fortuna de ser valiosos para los responsables de esta impostura... valiosos como piezas de ganado con cuya fuerza de producción, consumo y consentimiento puede especularse sin restricciones. A esto lo llaman libertad. Por nuestra parte, no tenemos ninguna imagen mítica que ofrecer a la gente ni ajustes de cuentas infinitos que saldar, pero estamos en guerra, somos insurrectos y nunca hemos despreciado las reservas contenidas en la grandeza de lo chico.
Gobernar debería ser la justa y transparente administración de la riqueza. En la mayor parte de los casos, los gobiernos no pasan de ser títeres de las maniobras orquestadas por las coaliciones de los más ricos. Esta situación, atractiva sólo para víctimas necias y verdugos recalcitrantes, merece una respuesta devastadora de honda penetración institucional: la acción combinada de anarcomercados negros que favorezcan el intercambio paralelo y horizontal de productos y servicios, de anarcoguerrillas contra los oligopolios de la información y -no podemos evitarlo- de anarcointervenciones de los bancos centrales con sus respectivas redes de clanes inversores. Colectivizar las fuentes de riqueza de un país, así como garantizar medidas de control directo sobre las mismas, no equivale por concepto a un acto de expropiación: expropiar es lo que han hecho desde la revolución industrial -sin mayúsculas- las corporaciones financieras cuando nadie ha sabido ponerles freno. Nuestro plan de ataque esotérico pretende redirigir la riqueza a sus bases con estrategias que dispersen de un tajo la acumulación excesiva de capital y, por ende, sus funestas consecuencias. Esta declaración, que podría tomarse a la ligera como una apuesta romántica imbuida de regeneración socialista, pretende anunciar algo más sólido que una versión neocrédula de filantropía ideológica: el despliegue de barricadas interdisciplinarias que contengan los tratamientos de choque impuestos por el capitalismo fanático de los discípulos de Rockefeller y Milton Friedman.
Todo Estado fuerte necesita ciudadanos débiles. No es fácil examinar las entrañas de Leviatán cara a cara. La verdad al desnudo es una puta a la que no es fácil entregarse, pues ha sufrido amputaciones graves, huele a podrido y para colmo es portadora de enfermedades ultrajantes. Existe un pacto de silencio mediático a nivel internacional, una huelga decretada contra el conocimiento, una encriptación severa de la razón crítica; existe, asimismo, un tao de la confrontación en nuestra conjura que dará origen a dialécticas de efectos secundarios impredecibles. Alguien nos ha dicho que en la tesis del anarcoestado cree ver una apología de la economía del regalo. No lo discutimos, forma parte de nuestras insinuaciones más amigables de igual modo que la simpática restauración de la guillotina o el régimen de castas tecnofeudal.
Lo estamos inventando. No sabemos que saldrá. Haremos lo que no quieran que hagamos... y lo haremos bien.
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