En edades que pasan por ser más tenebrosas que la nuestra, hubo iluminados que osaron acercarse a Dios sin intermediarios y por ello fueron exterminados; a nosotros se nos ha puesto un estigma de sospecha por arriesgarnos a pensar el mito de la insurrección sin pasar por los filtros de la nueva iglesia altermundista, perfecto correlato del Nuevo Orden Mundial, que a pesar de su heterogeneidad ideológica ha llegado a ser un movimiento altamente condicionado por grupos de neofascistas que se presentan a sí mismos como nacionalistas revolucionarios y actúan coordinados por los principales servicios secretos, destacamentos de quintacolumnistas ultramontanos (el oportunismo de la Santa Sede es proverbial) y los omnipresentes carroñeros del descontento social que aspiran a reinventar su odisea de mezquindad uncidos a la hoz y el martillo. ¿Afecta a nuestras evidencias la tachadura de quienes no llegan a percibir su esplendor? Así es, las robustece como las objeciones a un temerario, además de añadir a sus certezas otro puntal: el de la insignificancia de todas las iniciativas que pretenden asignar un único sentido a las cosas.
Nadie puede obviar que el régimen de capital especulativo iniciado en el último cuarto del siglo XX ha sido el mayor causante de la actual dictadura por endeudamiento, dejando destripada a todos los efectos la incapacidad de la economía real para soportar el ritmo artificial impuesto al crecimiento, pero la forma de repeler esta decadencia sigue estando viciada por las propuestas provenientes tanto de la izquierda como de la derecha, que incluso desde el ámbito extraparlamentario y por más que eviten la nomenclatura heredada de sus viejos clanes contribuyen a cebar el poder de la élite financiera con sus sempiternas falacias doctrinales y el autosabotaje enquistado en sus respectivos complejos de dominación. Les guste o no la coincidencia, la socialización global del comportamiento humano es el objetivo final perseguido mediante la privatización masiva de la riqueza, que se inserta a su vez como una estrategia planificada dentro de las fases previas para alcanzar una factoría ecuménica donde la desposesión económica, el estancamiento político y la uniformidad espiritual serán premisas necesarias para mantener un control pormenorizado sobre la población, por dentro y desde fuera de cada individuo.
El socialismo, hijo pródigo del capitalismo, debe ser interpretado como una reformulación bastarda, un relevo laico de los preceptos cristianos, y entre sus variantes más elaboradas el comunismo marxista en especial se ha ofrecido a los condenados de la tierra como una religión redentora, estructurada alrededor de una visión clasista del papel del hombre en la historia, que apela a los mismos resortes pasionales utilizados por las primeras sectas portadoras del mensaje evangélico contra los valores aristocráticos de los gentiles. Si para Marx y compañía la religión fue sentenciada como el opio del pueblo, para el pueblo descreído la utopía comunista ha funcionado como una ortodoxia con sus propios narcóticos. En consecuencia, cuando comunistas y cristianos se ponen solemnes buscando el monopolio de las barricadas, nosotros nos ponemos en guardia: es preferible estar desunidos en la lucha que unificados bajo el prejuicio de que los enemigos de nuestros enemigos son nuestros amigos. El propósito no revelado de estas alianzas tácticas es que los más aguerridos hagan el trabajo sucio de vanguardia a los maquinadores que no vacilarán en reprimirlos en caso de acaparar el liderazgo o tener que responder ante instancias superiores. Remitimos al estudio de la Guerra Civil Española a cuantos quieran ejemplos nítidos del coste ignominioso que supone tener por aliados a los feligreses del sóviet y agitadores de la cruz.
Analicemos antes de atacar a quién le confiamos las espaldas; para reventar, mejor solos que mal acompañados. Con esta libertad aceptamos nuestro auténtico destino.
14 abr 2014
3 abr 2014
EMPODERAMIENTO
El afán de poder está grabado en nuestro código genético como un epitafio de estrellas, mas todos sus fulgores en la tierra no bastan para ocultar las carencias incorregibles que lo motivan. Allá donde miremos nunca encontraremos a buenos ni malos, sino a facciones de hombres despreciables o peores dispuestos a valerse de cualquier medio para dar rienda suelta a su orgullo. Nosotros no somos mejores, pero condenados a la crucifixión de nuestros dominios, martillados por el estamento político, estamos abocados a ejercitarnos en el arte de no ser gobernados por nadie, lo que nos otorga una afilada transversalidad para inutilizar moldes y situarnos por encima de la ingenua carencia de límites que muchos hijos del descontrol predican como máximo atributo de la libertad, que para nosotros, antes bien, radica en una disciplinada instrucción necesaria para determinar los niveles que, llegado el caso, defenderemos con el alma... como verdaderos desalmados. Cualquiera que tenga en estima estas premisas y sea consciente de la amplificación de las taras humanas en el contexto social contemporáneo, convendrá en que hay que ser muy anárquico para no volverse anarquista de inmediato; sin embargo, el anarquista que conjuga en sí mismo una dialéctica abierta a los plenos poderes y decide aventurarse a las incorrecciones de la excelencia, debería ser bautizado bajo invocaciones magmáticas con el nuevo título de ANARCOTIRANO.
29 mar 2014
LOS CANGREJOS
Por lo general, intuimos que podemos fiarnos de nuestros enemigos porque tenemos la seguridad de que harán todo lo posible para hundirnos; también, claro está, desvencijarnos a porrazos y acusarnos a continuación de tentativa de homicidio. Imposible sentir estima por los cuerpos policiales una vez se toma conciencia de la brutalidad con que trabajan dentro y fuera de las comisarías, de la impunidad con la que abusan de la villanía mal llamada autoridad y del tipo de bajezas que piensan cuando se prestan a usar la cabeza, cosa rara, para otro caso que no sea aprovecharse de alguien más expuesto a las inclemencias sociales o fastidiar a quien se sale del redil.
El agente no merece recibir el respeto que, por norma, se descuida de guardar con el ciudadano, al que abrevia en el trato con una repugnancia que desvela el infravalor del habitante real dentro del Estado; si son aplausos y palmaditas en la espalda lo que espera, debería empezar por tirar su placa a la basura, el sitio más honorable para exhibirla, y pedir perdón públicamente por todo el daño que haya causado durante el ejercicio de sus funciones, entre las cuales no es menos nociva la de echar carnaza a esa audiencia hecha de puercos que desde sus mansas cuadras clama por el prestigio de la represión entendida como un oficio.
Por último, sin restar un ápice de validez a nuestras objeciones, hemos de confesar que con esta calaña de veladores del orden público, tan caóticos y torpes cuando les toca dar el callo en la calle, nos sentimos más tranquilos teniéndolos como oponentes que como defensores.
El agente no merece recibir el respeto que, por norma, se descuida de guardar con el ciudadano, al que abrevia en el trato con una repugnancia que desvela el infravalor del habitante real dentro del Estado; si son aplausos y palmaditas en la espalda lo que espera, debería empezar por tirar su placa a la basura, el sitio más honorable para exhibirla, y pedir perdón públicamente por todo el daño que haya causado durante el ejercicio de sus funciones, entre las cuales no es menos nociva la de echar carnaza a esa audiencia hecha de puercos que desde sus mansas cuadras clama por el prestigio de la represión entendida como un oficio.
Por último, sin restar un ápice de validez a nuestras objeciones, hemos de confesar que con esta calaña de veladores del orden público, tan caóticos y torpes cuando les toca dar el callo en la calle, nos sentimos más tranquilos teniéndolos como oponentes que como defensores.
28 mar 2014
HORROS CONTRA HORRORES
Anteponemos el derramamiento de verdades al de mitos, el de mitos al de sangre y el de sangre al de libertad, disponiendo así un orden de prioridades donde lo polémico y lo natural se refuerzan recíprocamente, porque la libertad es el mítico motor que mueve la sangre de quienes están llamados a combatir pavores, de todos cuantos sienten en sí mismos la combustión preciosa de los héroes.
Sabemos que la tecnología y la gasolina no sólo nos darán la razón: pondrán vuestra locura en el horno de la nuestra y no imagináis, podéis estar seguros, lo que haremos con ella.
Sabemos que la tecnología y la gasolina no sólo nos darán la razón: pondrán vuestra locura en el horno de la nuestra y no imagináis, podéis estar seguros, lo que haremos con ella.
22 mar 2014
LA FRAGUA DEL BATALLADOR
Siempre que se habla de redes sociales se incurre en una aberrante redundancia, porque cualquier sociedad compleja, y la humana lo es incluso en la trinchera, se despliega como una malla que atrapa en sus profusos nudos al sujeto que piensa por sí mismo y se siente dispuesto, en consecuencia, a ahondar en el proceso de desligarse del conjunto. Cierto es que hasta el más lúcido antagonista habrá de sorprenderse en sus asimétricas interacciones con los demás al adoptar hábitos mentales como el de minimizar el poder del azar en la prosperidad y maximizarlo en la adversidad; lo que de ningún modo se permitirá perder de vista es que la complacencia con este prejuicio, bastante arraigado como mecanismo adaptativo de consolación, puede propagarse a otras áreas de la conducta hasta el extremo de hacerle bajar la guardia frente a las agresiones ejercidas por agentes poco fortuitos.
Accidentada antes que casual e intrínsecamente polémica a cada lado de sus adherencias, la autoconciencia no se reduce a la divergencia, pero sin ella ¿qué sería de su capacidad desprogramadora? Cuando están en juego las potestades fundamentales del individuo, sus derechos e izquierdos para transitar por centros y laberintos, el interés por su defensa debe prevalecer sobre las creencias religiosas, las filiaciones corporativas y las superficiales distorsiones del ego que alguien menos avezado podría considerar, a la ligera, asuntos prioritarios a dirimir en su guerra contra el mundo que lo estrecha. Recordemos, con Beckett, lo que la física profunda empieza a cartografiar y los antiguos místicos ya sabían por otros derroteros: "La individualidad es la concreción de la universalidad, y cada acción individual es al mismo tiempo supraindividual".
Accidentada antes que casual e intrínsecamente polémica a cada lado de sus adherencias, la autoconciencia no se reduce a la divergencia, pero sin ella ¿qué sería de su capacidad desprogramadora? Cuando están en juego las potestades fundamentales del individuo, sus derechos e izquierdos para transitar por centros y laberintos, el interés por su defensa debe prevalecer sobre las creencias religiosas, las filiaciones corporativas y las superficiales distorsiones del ego que alguien menos avezado podría considerar, a la ligera, asuntos prioritarios a dirimir en su guerra contra el mundo que lo estrecha. Recordemos, con Beckett, lo que la física profunda empieza a cartografiar y los antiguos místicos ya sabían por otros derroteros: "La individualidad es la concreción de la universalidad, y cada acción individual es al mismo tiempo supraindividual".
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