Este primero de mayo queremos hacer extensivo el tradicional homenaje a los Mártires de Chicago a esos millones de caídos en la desesperación moral, social y laboral por los ataques imputables al séptimo poder, cuyo anonimato chantajista de mal disimulada oligarquía no es la mera continuación de los tres poderes clásicos (legislativo, ejecutivo, judicial) después de los medios de comunicación (cuarto poder), del intervencionismo estatal en materia económica (quinto poder) y del sexto poder identificado con las competencias territoriales, sino el acoso y la invasión progresiva de los asuntos públicos por parte de las redes del crimen organizado bancariamente.
Para elevar nuestra protesta con un signo de distinción sobre los manifestantes amasados por las burocracias de los sindicatos prostituidos, os tentamos a echar mano del arsenal de armas de juguete más fardonas que podáis conseguir para apuntar con ellas a los agentes del terror establecido que se crucen en vuestro derrotero, así como a todos aquellos turistas y pasajeros de lo efímero que, en vez de cerrar filas contra el enemigo, opten por dirigir a nuestra causa sus arrugadas miradas de desprecio; una causa que, en esencia, hace suya la capacidad de vivir el presente sin miedos a futuros hipotecados ni reverencias a pasados marchitos.
Aviso para polizontes: la próxima vez, el fuego será real.
1 may 2012
12 abr 2012
PERTRECHOS
No hay peor vicio que tratar de imponer la propia idea de la virtud a otros, ni mejor hábito que luchar contra quienes materializan ese propósito. Tal como está previsto que suceda, cuando las autoridades dedicadas a la degradación de la sociedad en beneficio de sus negocios particulares consideren la alteración individual del ánimo un delito susceptible de infectar el orden público alterado en fase previa por sus expolios, será el momento de demostrarles que ante el asedio penal y policial estaremos dispuestos a ser peores que criminales; que no tememos convertirnos en una plataforma para lograr, con nuestros propios méritos, el anatema con que ampulosamente nos llamarán terroristas; pero, sobre todo, que no somos balas perdidas, sino proyectiles silenciosos dirigiéndose a su blanco por trayectorias inescrutables. Se han ganado el derecho a morir cruelmente y nosotros el deber de velar porque así sea.
2 abr 2012
GIGANTES DESCABEZADOS
"Todo es espectáculo. Un espectáculo que funciona solamente porque cada uno finge estar disfrutando de éste y porque cada uno piensa que es solamente él quien no encaja en la totalidad. La conformidad es un reinado del terror".
Manifiesto de King Mob
Una moda se combate con otra, y al puerco gusto por los tijeretazos que han tomado los gobiernos para recortarles alas, nidos y perspectivas a los ciudadanos, nosotros le oponemos el arte insurrecto de la decapitación de los más altos cargos en todos los sectores de mando: político, financiero, mediático, eclesiástico y militar.
Quien crea que las guillotinas son trastos escandalosamente cruentos o demasiado anacrónicos, que se de una vuelta por la trastienda de las noticias económicas, en las que encontrará no pocos desafueros de enorme inspiración para la ira como esa componenda que festeja la amnistía fiscal concedida al fraude cometido por los más ricos en contraste con la cifra ascendente a la que se suman las familias desahuciadas de sus viviendas.
Sin un comunismo que frenar con reclamos de prosperidad, el capital no malgasta distracciones al imponer docilidad como diezmo de provecho sostenible. Por su resistencia a la impugnación, el peor dogma es el que vence convenciendo de la supremacía de intereses que ridiculizan los propios: es así como se modela una mayoría moral seriada y adicta a la mediocridad cuyo imaginario ha sido devaluado por y para el miedo teledirigido. Antes que humanos en lúcida relación con el mundo, nos quieren ver reducidos a baratos y programables componentes de un circuito averiado donde se persigue bajo falsas acusaciones la grandeza que incita a transformarse en interruptor. La Anarcotiranía consiste en hacer que esa majestad proscrita, capaz de desviar por sí misma la corriente, se aventure a apagar el sistema.
Manifiesto de King Mob
Una moda se combate con otra, y al puerco gusto por los tijeretazos que han tomado los gobiernos para recortarles alas, nidos y perspectivas a los ciudadanos, nosotros le oponemos el arte insurrecto de la decapitación de los más altos cargos en todos los sectores de mando: político, financiero, mediático, eclesiástico y militar.
Quien crea que las guillotinas son trastos escandalosamente cruentos o demasiado anacrónicos, que se de una vuelta por la trastienda de las noticias económicas, en las que encontrará no pocos desafueros de enorme inspiración para la ira como esa componenda que festeja la amnistía fiscal concedida al fraude cometido por los más ricos en contraste con la cifra ascendente a la que se suman las familias desahuciadas de sus viviendas.
Sin un comunismo que frenar con reclamos de prosperidad, el capital no malgasta distracciones al imponer docilidad como diezmo de provecho sostenible. Por su resistencia a la impugnación, el peor dogma es el que vence convenciendo de la supremacía de intereses que ridiculizan los propios: es así como se modela una mayoría moral seriada y adicta a la mediocridad cuyo imaginario ha sido devaluado por y para el miedo teledirigido. Antes que humanos en lúcida relación con el mundo, nos quieren ver reducidos a baratos y programables componentes de un circuito averiado donde se persigue bajo falsas acusaciones la grandeza que incita a transformarse en interruptor. La Anarcotiranía consiste en hacer que esa majestad proscrita, capaz de desviar por sí misma la corriente, se aventure a apagar el sistema.
18 mar 2012
POR UN MARZO NEGRO
Con el mantra ominoso de la Crisis, la economía especulativa aprovecha la adversidad circunstancial ocasionada por sus malas artes para imponer reformas estructurales que acorazan sus privilegios en detrimento de nuestra soberanía como ciudadanos, cada vez más debilitada. El pueblo ha perdido la capacidad de intimidación necesaria para que la clase propietaria limite su voracidad, que no encuentra obstáculos para usurpar campos que creíamos seguros, como la sanidad pública (que nunca ha sido gratuita, pues la costeamos con impuestos), el acceso a la educación en condiciones óptimas y la estabilidad de los derechos laborales. Además, si la huelga fuera un derecho debidamente reconocido, la jornada de protesta sería remunerada en su integridad como lo es, por ejemplo, una baja por incapacidad temporal, aunque esta cobertura social básica también se ha visto amenazada por la reforma laboral que, entre motivos a hartar, justifican en España las manifestaciones de repulsa contra su gobierno títere del poder financiero, lo que por otra parte no nos impide esgrimir cuatro excelentes razones para cuestionar la convocatoria del 29M tal como está planteada:
1. Ni las huelgas ni los desfiles masivos de indignados sirven para cambiar nada en beneficio de las clases menos favorecidas. Son actos de probada inutilidad. Más nos valdría encauzar los recursos destinados a esos eventos hacia medios más prometedores, como recibir entrenamiento táctico para organizar escuadrones de verdadera guerrilla urbana que sustituyeran a los soporíferos mítines.
2. El éxito de una iniciativa crítica está en relación con su oportunidad y la rapidez en el tiempo de reacción es crucial para que surta efecto, pero esta huelga se ha insertado deliberadamente fuera de plazo. Quizá la disconformidad hubiera tenido impacto político antes de la aprobación del decretazo; después, harían falta otros elementos de insurgencia para no verse reducida a un acontecimiento testimonial.
3. Considerando lo anterior, nadie podrá negar que la huelga está desde el principio instrumentalizada por los grandes sindicatos intervenidos, que la usan, entre otros fines, para recuperar parte del prestigio perdido. Sus líderes se limitarán a dramatizar en las calles el papel que tienen asignado por oficio. Evidencia indiscutible del parasitismo complaciente de quienes dicen defender a los trabajadores, es que los huelguistas del politburó, los sindicalistas profesionales, no verán mermado ni un céntimo su sueldo en el día de marras.
4. Salvo en los sectores industriales que dependen de una producción constante, el parón será rentable en buena medida para la patronal y, sobre todo, para las administraciones públicas, que se ahorrarán el pago de muchas nóminas con sus correspondientes prorrateos.
Pese a estas objeciones, tenemos presente que para el gobierno en funciones la huelga general permite, como un barómetro social, medir el nivel de movilización del descontento, y solo por este hecho merece nuestro apoyo, que será un modo de recordarle que su mayoría absoluta no está legitimada por la absoluta mayoría. Sin embargo, las maniobras del gran capital no pueden combatirse con una huelga convencional, es preciso recurrir a estrategias concebidas con una inteligencia más agresiva. Si realmente se quiere hacer una campaña de resistencia enérgica paralizando el país y demostrar con ello la fortaleza latente de los desposeídos (entre los que incluimos a todos los subordinados a un contrato por cuenta ajena), hay que atacar directamente al sistema bancario, cuyas entidades viven de nuestro trabajo y gracias a nuestro crédito, no lo olvidemos. Desde aquí, para que la cita reivindicativa se transforme en un golpe de liquidación, proponemos acudir en masa a las sucursales para retirar los ahorros depositados en las cuentas corrientes. Así de simple. De ser secundado este llamamiento por la mayoría de la población damnificada por los recortes, en cuestión de minutos se podría hacer jaque al Estado manejado por los eurócratas.
Y luego, ¿qué? Evitar servir de blanco fácil a los cuerpos represivos, mantener el pulso sin arredrarse y no indultar jamás a los mezquinos que alcen la mano contra la gente que no teme transformarse en león para no ser gacela en lo sucesivo. Sólo a partir de ese momento podríamos empezar a negociar en una posición respetable con los clanes mafiosos que ahora insisten en hacernos pagar sus errores tras haber jugado con nuestras vidas como si fuesen el excedente más volátil de su patrimonio.
1. Ni las huelgas ni los desfiles masivos de indignados sirven para cambiar nada en beneficio de las clases menos favorecidas. Son actos de probada inutilidad. Más nos valdría encauzar los recursos destinados a esos eventos hacia medios más prometedores, como recibir entrenamiento táctico para organizar escuadrones de verdadera guerrilla urbana que sustituyeran a los soporíferos mítines.
2. El éxito de una iniciativa crítica está en relación con su oportunidad y la rapidez en el tiempo de reacción es crucial para que surta efecto, pero esta huelga se ha insertado deliberadamente fuera de plazo. Quizá la disconformidad hubiera tenido impacto político antes de la aprobación del decretazo; después, harían falta otros elementos de insurgencia para no verse reducida a un acontecimiento testimonial.
3. Considerando lo anterior, nadie podrá negar que la huelga está desde el principio instrumentalizada por los grandes sindicatos intervenidos, que la usan, entre otros fines, para recuperar parte del prestigio perdido. Sus líderes se limitarán a dramatizar en las calles el papel que tienen asignado por oficio. Evidencia indiscutible del parasitismo complaciente de quienes dicen defender a los trabajadores, es que los huelguistas del politburó, los sindicalistas profesionales, no verán mermado ni un céntimo su sueldo en el día de marras.
4. Salvo en los sectores industriales que dependen de una producción constante, el parón será rentable en buena medida para la patronal y, sobre todo, para las administraciones públicas, que se ahorrarán el pago de muchas nóminas con sus correspondientes prorrateos.
Pese a estas objeciones, tenemos presente que para el gobierno en funciones la huelga general permite, como un barómetro social, medir el nivel de movilización del descontento, y solo por este hecho merece nuestro apoyo, que será un modo de recordarle que su mayoría absoluta no está legitimada por la absoluta mayoría. Sin embargo, las maniobras del gran capital no pueden combatirse con una huelga convencional, es preciso recurrir a estrategias concebidas con una inteligencia más agresiva. Si realmente se quiere hacer una campaña de resistencia enérgica paralizando el país y demostrar con ello la fortaleza latente de los desposeídos (entre los que incluimos a todos los subordinados a un contrato por cuenta ajena), hay que atacar directamente al sistema bancario, cuyas entidades viven de nuestro trabajo y gracias a nuestro crédito, no lo olvidemos. Desde aquí, para que la cita reivindicativa se transforme en un golpe de liquidación, proponemos acudir en masa a las sucursales para retirar los ahorros depositados en las cuentas corrientes. Así de simple. De ser secundado este llamamiento por la mayoría de la población damnificada por los recortes, en cuestión de minutos se podría hacer jaque al Estado manejado por los eurócratas.
Y luego, ¿qué? Evitar servir de blanco fácil a los cuerpos represivos, mantener el pulso sin arredrarse y no indultar jamás a los mezquinos que alcen la mano contra la gente que no teme transformarse en león para no ser gacela en lo sucesivo. Sólo a partir de ese momento podríamos empezar a negociar en una posición respetable con los clanes mafiosos que ahora insisten en hacernos pagar sus errores tras haber jugado con nuestras vidas como si fuesen el excedente más volátil de su patrimonio.
10 nov 2011
INVITACIÓN A LA ZALAGARDA
"Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: Yo, El Estado, soy el pueblo".
Friedrich Nietzsche
Así habló Zaratustra
Desde la Anarcotiranía creemos que el sufragio sólo puede ser empuñado como un arma de impugnación masiva, y para ello, debería concentrar de forma explícita y tajante la necesidad de detener la trituradora en que se ha convertido el sistema. Olvidemos la oleada de ofertas insidiosas que dividen a quienes estamos convencidos de subvertirlo; unifiquemos la diversidad de fuerzas discrepantes en un voto reactivo para que no sea nulo y la carga de su significado les estalle en la cara. En los pasados comicios os enseñamos el procedimiento.
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